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Leo Marini

El Bolerista de América
 

Héctor Ramírez Bedoya
Presidente
Corporación Club Sonora Matancera

 



Nació en un hogar de emigrantes franceses e italianos con el nombre de Alberto Batet Vitali, el lunes 23 de agosto de 1920, en la ciudad de Mendoza, capital de la provincia del mismo nombre en la Argentina. Su padre Luis, era vasco francés, y su madre Herminia, italiana, nacida en Ancona. Su progenitor tenía un restaurante denominado Los Tres Hermanos y en la casa familiar funcionaba un almacén atendido por su madre y su abuelo paterno. Cierta noche de frío brutal, cuando Leo tenía cinco años, su padre contrajo una neumonía fatal y así en una de las ironías de la vida, mientras don Luis fallecía en la alcoba principal del hogar, en la pieza de al lado, nacía María Luisa. Más tarde su madre se desposó de nuevo y tuvo a Alicia Zulema y a Jorge. En su casa se respiraba un ambiente musical argentino: valses, tangos, milongas y candombes.

 


Sus estudios primarios los realizó en la escuela de los Curas de San Francisco, bastante rígidos y severos. En 1935 causaban furor los boleristas románticos mexicanos, Alfonso Ortiz Tirado, Juan Arvizu, Pedro Vargas y especialmente José Mojica, de quien era un ferviente admirador. A los 15 años definió que su futuro estaría en la farándula y como cantante romántico. Mientras tanto se defendía adquiriendo los denarios, como vendedor en un almacén de repuestos para carros. Además, y como argentino de respeto, jugaba fútbol en la primera división del equipo de su provincia, Independiente Rivadavia de Mendoza.

Su primera actuación en la música, fue a los 16 años y resultó un  fracaso inesperado. Por consejo de unas vecinas jóvenes y bellas, cantó en Radio Cuyo, la única emisora de su ciudad. No se amilanó. El tenor lírico español Juan Díaz Andrés llegado a Mendoza a pasar una temporada con su familia, durante un año le enseñó la técnica vocal apropiada y los secretos para la actuación, que todo cantante exitoso debe abroquelar en su repertorio. Le recalcó, con especial énfasis, para que Alberto abandonara el estilo de su voz, con inclinación en la imitación a la de Juan Arvizu. También le propició una nueva actuación en la emisora de su ciudad, acompañado de un cuarteto con piano, bajo, batería y violín. Con Francisco Fábregas, presentador de la emisora, le buscó su nombre artístico definitivo: Leo Marini, que brillaría en las marquesinas del continente. Su maestro Andrés, le aconsejó además, entonar siempre un repertorio con páginas románticas y rítmicas.

Comenzó a otear horizontes internacionales. En su patria consigue un peculiar contrato con una emisora. Trabajaba dos meses y descansaba otros tantos. Aprovechaba los meses de receso para viajar por su provincia natal Mendoza, y otras aledañas. Se trasladaba además, a otros países vecinos como Uruguay y Chile. Transcurría 1941 y efectuó su segundo viaje a Chile. Tuvo actuaciones en Viña del Mar y Valparaíso. En ésta última localidad llega al disco por primera vez: Virgen de media noche (Pedro Galindo), Puedes irte de (Agustín Lara), Inútilmente (Luis Aguirre) y Cerca de ti (Luis Aguirre). La disquera fue la RCA Victor chilena y el acompañamiento estuvo a cargo de la orquesta del cubano Isidro Benítez. Este pianista y arreglista, es considerado como el pionero de los ritmos isleños en Suramérica. Luego de esta temporada, regresa a San Juan (Argentina) para actuar en radio y allí el director técnico de la emisora de nombre Juan Rocha, le propone grabar dos acetatos en su misma radio. Don Juan los lleva a Buenos Aires buscando que interesaran. De regreso le trae a Leo un jugoso contrato por cuatro años con la emisora L.R.3. Radio Belgrano, propiedad de Jaime Yankelevich. Canta con la orquesta de planta integrada por 40 músicos y dirigida por el maestro Herman Kumok. Obtiene una excelente acogida y comienza a labrar su fama a partir de 1943.

Allí en Radio Belgrano, ocurrió el feliz encuentro con el músico bonaerense Américo Belloto, que estaba encargado por el sello Odeón, de reunir un elenco para realizar grabaciones para la clientela colombiana,  sumergida en la onda bolerística. Belloto era el primer violín de la orquesta de planta y estaba casado con la hermana del director Kumok y cultivaba la música culta. Así es como se gesta la magnífica agrupación de Don Américo y sus Caribes, para grabar sus primeras cuatro páginas con el sello argentino Odeón, que causaron sensación en Colombia: Llanto de luna (Julio Gutiérrez), Ya lo verás (Bernardo Sancristóbal), Caribe soy (Luis Alday) y Yo contigo me voy (Rafael Hernández). La difusión de estos éxitos, avaló en 1945 una gira por Venezuela, Cuba, Puerto Rico y República Dominicana, con patrocinio de la firma Chesterfield. Inexplicablemente, no llegó a Colombia, tierra que lo reclamaba.

En marzo de 1946 encontramos de nuevo a Leo, cantando en la estación WNEL de San Juan de Puerto Rico, en las audiciones patrocinadas por Kresto. No fue sino hasta 1948, cuando arribó por vez primera a Colombia, acompañado de Don Américo. El doctor William Gil Sánchez, propietario de la Voz de Antioquia, los contrata con otros artistas para realizar una extensa gira por todo el territorio colombiano. En este elenco se estrenaba como humorista quien con el discurrir del tiempo iría a convertirse en el número uno de Colombia, Guillermo Zuluaga, el popular Montecristo. Esta gira se truncó abruptamente en Bogotá, cuando el viernes nueve de abril de 1948, fue asesinado el político y caudillo liberal, Jorge Eliécer Gaitán, lo que produjo el conocido bogotazo, alzamiento de masas de nefasta e ingrata recordación para la historia sociopolítica de Colombia. A Belloto y otros argentinos los repatrió su gobierno, transportándolos en un avión de su fuerza aérea. Como una anécdota de estos escabrosos días en Colombia, digamos además, que por esta misma fecha se encontraba también de gira artística en Colombia, departamento de Antioquia, población de Cisneros, su compatriota y gran cantante Libertad Lamarque. Igual que Leo, hubo de abandonar de plano todas sus presentaciones en Colombia.

Marini, después de tal percance marchó a Puerto Rico e imitó a sus miles de admiradores, a los cuales mediante sus románticas melodías indujo a contraer matrimonio. Se casó con la dama argentina Esther Salandari. Luego, atiende una llamada de Federico Pagani y viaja a presentaciones en Nueva York. El contrato con la Odeón estaba concluido y el rubio Sidney Siegel lo busca para que firme con su compañía Seeco Records Corporation. Por sugerencia de la Seeco viaja a Cuba en 1951 para grabar con la Sonora Matancera. Sus cuatro temas iniciales fueron: Luna yumurina, Quiero un trago tabernero, Mi desolación y Desde que te vi, llevados al acetato el día 9 de abril. Regresa a su base boricua. Pero al año siguiente, la Seeco le aconseja irse a vivir a La Habana. Allí nace su primogénito, Luis Alberto. Al ser la Sonora Matancera la agrupación de mayores ventas de la empresa Seeco, se establece la relación para que en 1952, Leo, comenzara sus presentaciones en la emisora Radio Progreso, y a renglón seguido grabara: Maringá, Amor de cobre, Tomando té e historia de un amor.



Con la Sonora Matancera en 1952 en los Estudios de Radio Progreso

En el año de 1954, regresa a Colombia, su segunda patria, como él solía llamarla. Impone temas como Infortunio, Amor del alma y prohibido, con la orquestación de su compatriota Arnoldo Nali. Prosigue al Perú y allí en un curioso acontecimiento, canta montado en un elefante de circo, en un espectáculo organizado por el gremio periodístico. Para la Seeco y con la Matancera, vuelve a grabar en 1955 en La Habana. En otra gira por Cuba, el 8 de noviembre de 1958 regresa al acetato con la Sonora e impone números como Caribe soy, Fichas negras, Amigo, Dos almas y otros, que constituyeron el L.D. llamado Reminiscencias, el disco más vendido en la vida artística del gran Leo y en la vasta discografía del grupo matancero.

En Bogotá y en sociedad con Don Américo, funda el sello de grabación Coro, e impone el tango en ritmo de bolero, Fueron Tres Años. Por manejo deficitario del administrador designado, fracasan luego de varios meses, y la empresa enfrenta su clausura. También llega allí a su final, cuando comienza la década del sesenta, la formidable agrupación de Don Américo y sus Caribes, de tan imperecederos éxitos, con las voces de Gregorio Barrios, Hugo Romani, Alfonso Ortiz Tirado, Fernando Albuerne, Eduardo Lanz, Genaro Salinas, Marión Inclán, Fernando Torres, Nelson Pinedo, Rodrigo Soto, Leo Marini y otros. El 10 de febrero de 1957, nace en Bogotá, José Luis, su segundo hijo, nombre escogido en homenaje a su padre y a su suegro. Se radica después en Argentina, durante el decenio del sesenta, y desde allí realiza giras a numerosos países. Acreditó su apelativo de El Bolerista de América, porque su voz entraña mayor encanto con su tesitura, que la del venezolano Felipe Pirela, a quien algunos dan tal calificativo. Además, el volumen acumulado en el número de sus grabaciones, lo supera con creces. Su estilo se conoció entonces como depurado, romántico, cadencioso y enamorado. Había originado, para cantar boleros, el estilo llamado en la actualidad, Leomarinesco.



Foto en su estancia en Caracas


En 1964 le llegó una decepción con Cupido, y se divorció de su esposa. Lagrimeando su amargura a los 44 años, continuó sin resquicios, su carrera profesional por los entarimados de la América hispana. De manera paradójica, una mayoría de los enamorados latinoamericanos, continuaban enlazando sus destinos, al ritmo de sus canciones. En 1970, con el acompañamiento de la Sonora de Arnoldo Nali, en un L.D. grabado en Venezuela, impone el tema Señora bonita. Este número ya había sido grabado dos veces por su colega El Almirante del Ritmo Nelson Pinedo en México y luego en Perú. La interpretación de Leo Marini, compitió palmo a palmo su popularidad con las de Pinedo. En 1972 regresa con la Matancera para grabar sus segundas Reminiscencias, esta vez para el sello MRVA y así colecciona con los yumurinos, 48 temas en total.

Don Leo Marini también trabajó en películas, filmadas en Argentina y Chile. En 1946, en Chile hizo Sueña mi amor con un papel protagónico. En 1949 en Buenos Aires actuó en Mary tuvo la culpa con Susana Canales. La trama central gira alrededor de una yegua de carreras de nombre Mary y de la cual, Leo, en su actuación, vivía enamorado por lo exitosa. Por cierto, estaba recién casado y Leo en sus tertulias, sostenía que su esposa no creía en sus explicaciones. En 1950 filma en Buenos Aires Qué rico el mambo, en actuaciones estelares con las cubanas Blanquita Amaro y Amelita Vargas.

El presidente Carlos Andrés Pérez de Venezuela en 1978, en un acto apoteósico, condecoró a varios artistas legendarios de la farándula latinoamericana. Desde luego, allí estaba nuestro gran Leo al lado de Libertad Lamarque, Toña la Negra, Bobby Capó, Dámaso Pérez Prado, Marco Antonio Muñiz y Pedro Vargas. Se radicó en Venezuela, otra de las tierras que lo  idolatró y se empalmó a cantar con Los Solistas de Capriles, una de las orquestas del magnate venezolano Renato Capriles, fundador y dueño de Los Melódicos. Cupido en esta temporada, regresó con su flecha certera. Se casó de nuevo, esta vez con la dama chilena Gloria Solano y se estacionó una  temporada en Caracas durante un año. Entabló sincera amistad con nuestro artista y amigo colombiano, Rodrigo Soto, vigente por aquellos calendarios en Venezuela.

Detallemos otras agrupaciones que han respaldado a Don Leo Marini en sus   grabaciones:

Conjunto de Luis Santí.
Vicente Bianchi y su Orquesta.
Valentín Trujillo y su Orquesta.
Leroy Holmes y su Orquesta.
Luis Barragán y su Orquesta.
Oswaldo Oropeza y su Orquesta.
Lino Vinci y su Orquesta.
Pedro Mesías y su Orquesta.
Toby Muñoz y su Orquesta.
Edgardo Quintero y su Orquesta.
Juanito Azúa y su Conjunto.
Larry Godoy y su Orquesta.
José Luis Ramírez y su Orquesta.
Jorge Beltrán y Los Peniques.
Carlos Guerra y su Conjunto.
Sonora Salomón.
Sonora Silver de Lucho Bermúdez.
Sonora de Lucho Macedo.

Retorna después a Buenos Aires a instalarse con su esposa Gloria. Allí también moraba Luis Alberto, su hijo mayor, que le dio dos nietos. José Luis, su otro hijo, residía en Mar del Plata y también lo alegró con otros dos nietos más. En una época de estrechez económica para el pueblo argentino, merced a la recesión afrontada en el decenio del ochenta, Leo decidió otorgar en vida su legado económico a sus dos hijos. Les dio una herencia respetable en efectivo, para que en el futuro, no reclamaran nada a su segunda esposa.
 
Cantando en Costa Rica


Nuestro artista agenció en su extensa discografía, cerca de 55 L.D. En la actualidad hemos recopilado 592 grabaciones con todas las agrupaciones.  

Los entendidos han opinado: Leo Marini es para Hispanoamérica, lo que Frank Sinatra es para Norteamérica. Este artista tiene el mérito de haber sido el primer cantante romántico de arrastre continental. Trotamundos incorregible de la canción Romántica. Su bello timbre, sentido melódico y manera originalísima
de decir, lo han hecho todo un clásico del género. La Voz que Acaricia, como también popularmente se le conoce, con más de cinco décadas de actividad artística se ganó el lugar cimero entre la pléyade de boleristas de habla hispana. Con su indiscutible sensibilidad expresiva, su tonalidad acariciante y el susurro arrobador de su voz, es imposible que alguien le dispute tan merecido lugar.

Víctima del cáncer de la próstata, soportado con estoicismo durante siete años, muere el día domingo 15 de octubre del 2000, cuando en brazos de su hermana Alicia, y en la misma casa en donde había nacido 80 años atrás, recibía las atenciones propias de su enfermedad. En esa misma fecha, y en una extraña coincidencia, fallecía en La Habana, también a sus 80 años, otra figura cimera de la canción: Tito Gómez.

Transcurridos cinco días de la muerte de Leo, en la ciudad de Caracas, y víctima de una enfermedad pulmonar causada por el tabaquismo, moría Gloria Solano, su última esposa, de la cual se había distanciado tres años antes.

Juzgo que la voz de Leo Marini ha sido trascendental en nuestra canción popular. En las distintas opiniones entre los coleccionistas del bolero, su voz figura en las predilecciones con las de Fernando Albuerne y Genaro Salinas. En la medida que con atención se escuchan sus producciones discográficas, el sentimiento y la admiración por este artista inolvidable, se ennoblece y agiganta.

 

 



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