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Daniel Santos

El  Inquieto  Anacobero ---- El Jefe

Por Héctor Ramírez Bedoya



Este famoso artista, puertorriqueño por los cuatro costados, con un nacionalismo tan acendrado como su bohemia, ha hecho rumbear a por lo menos tres generaciones. Este cantautor tan admirado y vilipendiado a la vez, que deslumbró a medio mundo en compañía de don Pedro Flores y de Su Majestad la Sonora Matancera, fue héroe y villano en mil batallas. Si nos atenemos a la fecha de su nacimiento según su pasaporte, vio la primera luz el 6 de junio de 1916. Sin embargo en varias entrevistas, aseguraba que había nacido el domingo 6 de febrero de ese mismo año. La primera fecha fue cuando lo bautizaron. Nació en el barrio Trastalleres, Santurce, San Juan de Puerto Rico, en la parada 18 del trolley. Su madre, María Betancur era ama de casa y costurera en sus tiempos libres. Don Rosendo Santos era carpintero.

 


En 1925, don Rosendo, acosado por la difícil situación económica, viaja de polizón en un carguero, hasta Nueva York, buscando mejores oportunidades de trabajo. En La Capital del Mundo don Rosendo, consigue trabajo en la fábrica de automóviles Chevrolet. Poco tiempo después manda por su familia a Puerto Rico, que ya estaba formada por doña María, Daniel, Sara, Rosalilia y Lucy. Daniel ingresa a la secundaria, retrocediendo un grado, por la dificultad del idioma, pero empezó a cantar en el coro. En 1930 perteneció a los Civilian Conservation Corps (CCC), un organismo que reclutaba a jóvenes sin brújula, para que se dedicaran a la restauración de la decrépita Nueva York, luego de la crisis económica del 29. Su comienzo como cantante fue por pura casualidad. Tarareaba en una ocasión, sola la mariposa va de Rafael Hernández, en la ducha comunal de los apartamentos donde vivía con lo que ganaba en los CCC, cuando lo escuchó otro joven que pertenecía al Trío Lírico. Luego de un piropo musical, lo invitó a que se les uniera como cantante. La primera canción que interpretó fue Te quiero dijiste, original de la compositora mexicana María Grever, el domingo 14 de septiembre de 1930. Con el Trío Lírico y con el Conjunto Yumurí, trabajó hasta 1938, sin mucho éxito y con varios desengaños. Regresó a su natal Puerto Rico y vivió donde una tía. El firmamento musical boricua era dominado por José Luis Moneró y por Johnny Rodríguez. Conoce a don Pedro Albizú Campos, un patriarca político e intelectual, que abogaba por la independencia de su país. Don Pedro influiría mucho en el espíritu independentista y antiimperialista de Daniel Santos. Desalentado, volvió a La Ciudad de los Rascacielos a continuar su vida noctámbula. En 1938, cantó en el club Los Chilenos en Manhattan, donde ganaba 10 dólares por tres días a la semana. Después pasó al Cuban Casino, donde trabajó con la Orquesta de Augusto Cohen, con un salario de 17 dólares semanales. Pero le llegó su hora de suerte cuando se le apareció su Mesías, en la persona de don Pedro Flores. Lo oyó cantar su versión de Amor perdido, en el cabaret donde laboraba y le propuso que se uniera a su grupo. Así salió de 8 años de prostitución en el ambiente newyorkino. Don Pedro le enseña a cantar profesionalmente y es así como graba su primer disco, con el Cuarteto Flores: Qué te pasa. Esto ocurrió el viernes 14 de marzo de 1941, para el sello Decca de la ciudad de los rascacielos. Luego siguieron: La gaga, Yo que es mucho y Ven.

El martes 22 de abril de 1941 Daniel graba con el Cuarteto Flores, para el sello RCA Victor, el inmortal tema Despedida, original del maestro Pedro. La segunda guerra mundial estaba en su apogeo, aunque aún los Estados Unidos no participaban directamente. A mediados de este mismo año Daniel deja el Cuarteto Flores y se viste de rumbero, afeitándose el bigote para enrolarse en la Orquesta de Xavier Cugat. Esta agrupación era titular en el ostentoso Hotel Waldorf Astoria, ubicado en el sector del mismo nombre en la ciudad de Nueva York. Los Estados Unidos, habían sido atacados el domingo 7 de diciembre de 1941, por una flotilla de aviones japoneses en Pearl Harbor. Ello precipitó su ingreso al campo de batalla europeo, conformándose así el grupo de países conocidos como Los Aliados, con Inglaterra y Francia. Empezó en toda la nación del norte una movilización general y el reclutamiento de hombres aptos para la guerra fue inmediato. Daniel, como ciudadano puertorriqueño, fue enlistado y hubo de abandonar su puesto en la orquesta de Cugat. Empezaron 4 meses de intenso y duro adiestramiento. Al mes no aguantó semejante trajín y desertó. Arrepentido, regresó a los 13 días. Lo castigaron de manera severa, pero continuó el entrenamiento. Es embarcado luego para Maui, una de las islas hawaianas. Se presenta a sus superiores como el cantante titular de la Orquesta de Xavier Cugat. Su treta surte efectos inmediatos y es destinado a labores de cocina y de entretención a las tropas. Nunca es llevado al frente de batalla. En el archipiélago de Hawai se estaciona durante 16 meses.

Conoce a un compatriota suyo de nombre Juanito Jiménez y con él conforma el dúo Los Cumbancheros. Santos era cantante bilingüe y le colocaron el remoquete de El Cisco Kid, por su parecido con el actor de cine de las películas del oeste. En sus ratos de ocio, Daniel comienza a descubrir su original vena de compositor. De este tiempo data su bolero Escríbeme, dedicado a un amor imposible, pues se trataba de una artista del cine. Estuvo cuatro años en esta conflagración. A comienzos de 1946, ocho meses después de terminada la guerra, fue traído en barco a los Estados Unidos, en un espeluznante viaje navegando por aguas minadas. Salido del ejército, enruta para su Puerto Rico. De nuevo ingresa al grupo de Pedro Flores. Pero este grupo ya no es el mismo. El conjunto vive una época musical de encrucijada. Muy rápido vuelve a Nueva York. Con algunos ahorros de sus pagos en la tropa, inaugura un bar y restaurante. Como siempre, gastaba más de lo que ganaba y muy pronto quebró. Partió rumbo a República Dominicana y trabajó en algunos clubes donde se promocionaba como lo que había sido, cantante del Cuarteto Flores y de la Orquesta de Cugat.

Llegó luego por vez primera a Cuba y comenzó a trabajar en un programa denominado Bodas de Plata Partagás, con patrocinio de dichos tabacos en la emisora RHC Cadena Azul, propiedad de Amado Trinidad, apodado El Guajiro. Fue acompañado por una orquesta dirigida por los maestros Rodrigo Prats y Adolfo Guzmán. Conocedor del entorno en el cual se movía Daniel Santos, el compositor boricua Andrés Tallada, le dedicó su creación de Anacobero. Este término es de la mitología africana, heredada del lenguaje ñáñigo y que significa diablillo o bohemio en el lenguaje callejero. El tema era de obligada interpretación cada noche. En una de ellas el presentador y abogado Luis Vilardell Adán, lo anunció como El Inquieto Anacobero y ahí empezó la carrera de Daniel con este apelativo.

Regresa a Nueva York. En 1947 vuelve a Cuba a presentaciones especiales sin quedarse. Actúa en el Teatro  Martí, en una revista musical dirigida por Carlos Robreño y llamada Teatro Cubano Libre. Va a ciudad de Panamá y se presenta en la Radio Centroamericana, con el acompañamiento de Avelino Muñoz y su orquesta. A mediados de 1948 fue contratado por el señor Manolo Fernández, dueño de Radio Progreso, emisora que como sabemos, albergaba en su horario nocturno a la Sonora Matancera. Se suceden las presentaciones de rigor y se produce el encuentro de estos dos monstruos de la canción popular de Iberoamérica. Pronto esta llave se convierte en la favorita del público y desde luego, también del doctor Carlos Prío Socarrás, Presidente de Cuba. Las dos primeras páginas llevadas al acetato fueron: Se vende una casita, bolero del compositor boricua Pedro Flores y Bigote gato, guaracha de Jesús Guerra. Con esto fue suficiente para que todo mundo supiera quién era Daniel Santos en Cuba. Recordemos que el cantante de planta de la Sonora era Bienvenido Granda. Daniel siempre fue cantante invitado.

¿Daniel hizo a la Matancera o viceversa? Ambos obtuvieron incalculables beneficios musicales y económicos, que corrían paralelamente con la fama. Esa es la verdad y no otra. A finales de 1948 interviene con la Sonora en la película El ángel caído. Retorna a Puerto Rico y ante la fama de la Matancera, consigue los mejores músicos disponibles y forma su Sonora Boricua en 1949. Cuba se ha convertido en su segunda patria y allá regresa una vez más. Se enreda en líos de faldas y va a dar a la cárcel. Al segundo día de estar allá compone su tema El preso. La madre del Presidente cubano doña Regla Socarrás viuda de Prío, aboga por él y pronto sale a la calle. Ese mismo día compone un número que es como una añoranza para sus excompañeros de reclusión: Amnistía.

Participa en febrero de 1950 en un nuevo filme con la Matancera y Rita Montaner, Ritmos del Caribe. Prosigue sus realizaciones en el microsurco con los de Matanzas. Su agitada labor musical lo lleva a grabar con el trascendente Conjunto Casino para la RCA Victor: Valor corazón, El sablazo, Luchando con ella, Almorzando y La primer mujer. Graba luego  con Los Jóvenes del Cayo, y consigue presentaciones en una emisora con el conjunto de Luis Santí. Las últimas grabaciones de esta época de Daniel Santos con la Sonora las realiza el 21 de abril de 1953: Desgracia, Amnistía y El Corneta. Con la Matancera grabó 70 páginas. A Colombia llega por primera vez el sábado 30 de mayo de 1953. Actúa en Barranquilla, Santa Marta, Cartagena, Medellín, Cali y Bogotá. Prosigue luego sus actuaciones por Venezuela, México y Estados Unidos. Cuba es pequeña ya para los triunfos del Inquieto Anacobero. De nuevo en Colombia y ahora en Medellín, en 1955, cuando con su insólita presencia, hacía las delicias de los contertulios en un bar del trasnochador barrio de Guayaquil, recibe el otro apelativo que lo distinguiría por el resto de sus días, El Jefe.

Cuando estaba en la ciudad de Guayaquil, Ecuador, en 1956 se ganó otro carcelazo. Debía cantar en el teatro Apolo con la Orquesta Costa Rica Swing Boys y al tercer día de presentaciones cuando iba a comenzar la función, resulta que al Inquieto Anacobero no le salió la voz. Vaya uno a saber por qué. Obviamente se formó la tángana. Y por no pagar los daños causados por los enfurecidos fanáticos, Daniel hubo de ser encarcelado. Al cuarto día de reclusión enfermó con tremendo catarro, causado por la lobreguez de la celda. Fue hospitalizado y después de cancelar una pequeña multa, quedó libre, pero sin recibir sus honorarios de las otras actuaciones. En cuatro días de prisión compuso dos números, Cataplum pa’ dentro anacobero y Cautiverio.

Don Antonio Fuentes y Daniel Santos


Promediaba 1957 y va a Venezuela. Allí compone una apología al movimiento revolucionario de Cuba y que tituló Sierra Maestra. Nadie lo quiso grabar y tuvo que ir hasta Nueva York, donde un loco que no creía ni en la luz eléctrica hizo viable su deseo, cancelándole sus honorarios con cientos de ejemplares del disco. Continuó en México y otros países su vida bohemia. De nuevo retornó a la isla y en La Habana en 1961, estableció un pequeño cabaret al que llamó 1800. Estuvo allí cinco meses. Viaja a su Puerto Rico y trabaja con el Trío Vegabajeño en la película Vírgenes de la Nueva Ola, rodada ese mismo año. En 1969, cuando estaba en Panamá y recién inaugurado el régimen del general Omar Torrijos, entabla una cálida amistad con El Hombre Fuerte de Panamá, que en varias ocasiones le paga bien para que le interprete Virgen de media noche, su tema preferido. Torrijos le organiza la Orquesta 11 de Octubre, con los 18 músicos más destacados de la guardia nacional de ese país. Graban varios temas del Anacobero con los arreglos de Clarence Martin. Después de comenzar la década del setenta El Jefe se convirtió en ciudadano del mundo. Visitó más de 37 países de América y Europa. Grabó con más de 50 agrupaciones, realizando unos 1.500 números.

Daniel, así como fue prolijo en el aspecto musical, también lo fue en los motivos sentimentales. Tuvo siete matrimonios legalmente constituidos, aunque tuvo otras amantes estables como Anita López, Nohemí Minerva, Cuti Rebollo, Lucy Ford. En total tuvo 12 hijos, ocho varones y cuatro mujeres. Uno de ellos que nació en Puerto Rico, llamado Ronnie, fue criado por Ismael Rivera El Sonero Mayor. Sucedió esto porque Maelo se desposó años más tarde con la madre de Ronnie, Gladys Serrano. La última grabación del Inquieto Anacobero, la hizo en 1983 en Bogotá, para el sello Icaro. El L.D. se titula Homenaje del Jefe a Gabo, y allí canta el tema El hijo del telegrafista, honrando al premio Nobel de literatura colombiano, Gabriel García Márquez.

En 1988 Daniel padeció un accidente cerebrovascular, y quedó luego con dificultad para la marcha y la memoria borrosa. Participó en el conocido acontecimiento de los 65 años de la Matancera en la ciudad de Nueva York, en 1989. El Jefe, desde 1985 vivía en una localidad del centro de la Florida, llamada Ocala, no lejos de Orlando. Ana Mercedes, su última esposa, considera que Colombia era la tierra donde mayormente se le amaba. Sostiene que aquí es un héroe nacional. La canción favorita de El Jefe era Venganza. Su última actuación en Colombia, la llevó a cabo en Cali en agosto de 1991, cuando con la Sonora Matancera y los cantantes Nelson Pinedo, Celio González, Yayo El Indio y Alberto Beltrán, cumplieron varias presentaciones públicas y privadas.

El Anacobero, como bien es sabido, mantenía su vena musical creativa siempre muy activa. Llegó a componer en 62 años unas 300 canciones. Entre sus colegas cantantes, sus favoritos fueron en su orden: Panchito Riset, Miguelito Valdés, Carlos Gardel, Benny Moré y Celio González. A sus 76 años odiaba hablar sobre su retiro artístico y aún más sobre la muerte. Pero la parca andaba rondando cerca. Por malestares de origen renal, fue recluido en el Monroe Medical Center de Ocala, Florida, en la noche del 26 de noviembre de 1992. A la una de la tarde del viernes 27, cuando reposaba en los brazos de Ana Mercedes, murió de un infarto cardíaco.

Muchos cantantes en algún momento de su carrera han tratado de imitar al Anacobero de alguna forma: Pepe Merino (cubano), Charlie Figueroa (boricua), Tito Cortés (colombiano), Tony Dellmar (colombiano), Raúl López (colombiano), Pablo VillanuevaMelcochita (peruano). Se han escrito varios libros acerca de la vida de El Jefe: Santo o Diablo (autobiografía), Confesiones de Daniel Santos, por Héctor Mujica (venezolano), La Importancia de llamarse Daniel Santos, por Luis Rafael Sánchez (Boricua), Vengo a Decirle Adiós a los Muchachos, por Joseán Ramos (boricua), y Daniel Santos, sus Anécdotas, sus Canciones, del caleño Humberto Freddy Gómez Ortiz.
 



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