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Celia Cruz

La Diosa Rumba



Llegué, vi, vencí.


Julio César
Por Héctor Ramírez Bedoya
Presidente
Corporación Club Sonora Matancera de Antioquia

 

 



Como toda estrella femenina que se respete, Celia Cruz jamás  reveló la verdadera fecha de su nacimiento. En algún programa de televisión contestó jocosamente que ella había nacido el 21 de octubre de mil novecientos ... punto com. Después de obtener su registro de nacimiento, con no escasa dificultad, supimos que vino al mundo el 21 de octubre de 1925. Su nombre completo es Celia Caridad Cruz Alfonso, segunda hija de Simón Cruz y Catalina Alfonso. Habanera del humilde barrio de Santos Suárez, y vino al mundo en la casa marcada con el número 47 de la calle Serrano, casi esquina a Enamorados. Sus hermanos medios fueron Dolores Ramos la mayor, Bárbaro y Gladys Jiménez. Ella era la segunda.

Su padre era fogonero del ferrocarril y su madre Catalina realizaba las tareas del hogar. Ramón, su abuelo materno, fue soldado del ejército cubano, que luchó contra España a comienzos de siglo en la guerra de independencia. Toda la familia profesaba la religión católica. Por ello, Celia anhelaba desde niña aprender a leer lo más pronto posible para conocer el catecismo y poder realizar la primera comunión, que realizó en la iglesia La Milagrosa, de su barrio Santos Suárez. En la escuela pública número seis, República de México, recibió sus primeras enseñanzas y allí aprendió a cantar los himnos de Cuba y México.

Siendo niña ya participaba con su canto en un conjunto llamado El Botón de Oro, el cual era dirigido por un señor a quien apodaban Gavilán y que tocaba la marímbula. Sus padres quisieron que estudiara para maestra normalista y la matricularon en la academia de las Hermanas Oblatas, en donde estudió mecanografía, taquigrafía e inglés. Luego se trasladó a la Escuela Normal, en donde obtuvo su diploma de maestra. Celia alternaba sus estudios con su afición por el canto y la danza. Con sus amigas frecuentaba algunos sitios de baile como Los Jóvenes del Vals, Las Águilas, Los Tulipanes y El Antilla. Desde esta época empieza a enseñar su picardía y su cuerpo de palmera.

La casa paterna era bastante grande para poder albergar a 14 personas, porque también convivían con ellos, la tía Nena y el primo Serafín con sus respectivas familias. Ganar dinero para el sustento diario de este batallón era tarea titánica.

Al graduarse de maestra normalista en la escuela de La Habana, decide no ejercer tal actividad por consejo de una profesora. Ella le plantea la siguiente disyuntiva: “Dedícate al canto que es lo tuyo. Con suerte ganarás en un día lo que una maestra devenga en un mes”. Y con decisión acoge el canto como su actividad futura. Como toda joven le gustaba el cine y sus actores preferidos eran Shirley Temple, Lily Pons, El Llanero Solitario y Tito Guizar. El primo Serafín Díaz, sabedor de sus cualidades vocales, la inscribe en un concurso de aficionados de la Radio García Serra, que se llamaba La Hora del . Cantó el tango de Cadícamo y Cobián, Nostalgias. Ganó una deliciosa torta y cuatro semanas después se adjudicó la final del concurso, y fue premiada con una cadenita de plata que la deslumbró, pues nunca había tenido nada parecido. Hablamos de 1938.

En 1939 participa también en el concurso para principiantes llamado Los Reyes de la Conga, organizado por la emisora Radio Lavín, en donde un jurado de lujo integrado por Rita Montaner, Rodrigo Prats y Gonzalo Roig, le confiere el galardón de oro. Participa después en el promocionado programa de aficionados de la emisora CMQ., La Corte Suprema del Arte, que se escuchaba noche a noche en toda la nación y en el extranjero. Era una verdadera cuna de cantantes. Cantó a dúo con otra joven de nombre Vilma Valle, los temas Arrepentida y Mango mangüé. Ganaron el primer premio en una de las ediciones del recordado concurso. La CMQ comenzó a emplearla en su programa Estrellas Nacientes, que ambientaba las tardes dominicales. Ya recibía honorarios, que aunque pocos, los gastaba en la compra de las simples necesidades de su hogar. Comenzó a estructurar su futura vida profesional.

El maestro Enrique González Mantici, dirigía la orquesta de planta de la Radio Mil Díez, anterior Radio Lavín, emisora que pertenecía al naciente Partido Socialista Popular (PSP). Allí y con Olga Guillot y Elena Burke, actuó Celia durante algún tiempo y realizó varias giras por las distintas ciudades importantes de la isla. Al año siguiente trabaja en la emisora RHC Cadena Azul con la pianista Isolina Carrillo, quien le aconseja que con la voz de contralto que tiene, la música que debe cantar es la afrocubana. Le monta números como Mango mangüé y Qué vengan los rumberos. Canta además en la Artística Gallega.

Obdulio Morales era un pianista y director de orquesta habanero que con su agrupación en la década del 40, amenizó la programación de la Radio Cadena Suaritos. Además se aprestigiaba como un historiador musical y dictaba conferencias sobre la música afrocubana. En 1947 Celia Cruz, trabaja con el maestro Obdulio y su orquesta. Realiza sus primigenias grabaciones acompañada de los Coros Yoruba de Alberto Zayas: Changó y Babalú Ayé. En el coro está Merceditas Valdés. Por este mismo tiempo graba su único tema con el Conjunto Gloria Matancera: Ocanosordi, número que popularizara la Sonora con la voz de Bienvenido Granda.

Proseguía su lucha por labrarse un lugar de preponderancia artística en el ambiente farandulero. La competencia de los conjuntos con las orquestas era intensa. Las voces femeninas y masculinas pululaban por doquier y los mediocres se iban quedando a la zaga. Afortunadamente había incontables sitios de jolgorio en donde los artistas, a punta de duro trabajo, conseguían el sustento de sus familias, porque para enriquecerse era muy difícil. Se precisaba ser internacional y viajar al extranjero, en donde se pagaba con los valiosos billetes verdes, que ayer como hoy, rigen todas las economías del planeta.

Celia Caridad graba también en 1947 cuatro temas con Ernesto Duarte y su Orquesta:

1. El cumbanchero, el tema afro de Rafael Hernández
2. Mambé que tiene D.R.A.
3. La mazucamba, una rumba afro del desaparecido Orlando de la Rosa.
4. Quédate negra, lamento afro, original del pianista Facundo Rivero.

Como notamos, todos los temas tienen tendencia afronegroide, por la raza de la cantante, así como por su cadencia y entorno musical.

Roderico Neira, Rodney, el conocido coreógrafo que hiciera famosos los shows del cabaret Tropicana, conoció a Celia y en 1948 la llevó a México y Venezuela con las espectaculares bailarinas Las Mulatas de Fuego, con la revista titulada Sinfonía en Blanco y Negro. En México actuaron durante tres meses en el cabaret El Zombie. Pasaron luego a la patria de Bolívar y durante dos meses engalanaron los espectáculos de La Taberna del Silencio de Caracas.

Rafael Sotolongo el publicista de Crusellas y Compañía, era también un pujante empresario, que al enterarse que la cantante de la Sonora Matancera, Myrta Silva, se iba para New York, pensó que la voz de Celia se podría acoplar perfectamente al conjunto. Con Rodney, la recomendó ante el director de la agrupación don Rogelio Martínez, quien le dijo que dejara escrito un teléfono, en donde la pudiesen ubicar, para invitarla a un ensayo de los que hacían todos los días a las 11 A.M. en los estudios de Radio Progreso.

Como en su casa, Celia no tenía teléfono, suministró el número de una tienda de la esquina, para que allí le comunicaran su cita definitiva con la historia. Decursaron algunos días y la mágica llamada para cantar dos temas que tenía preparados, no se efectuaba. Llegó a pensar que habían sido aventuradas sus ilusiones. Pero Don Rogelio se acordó de ella y la llamó, otorgándole la cita a los dos días siguientes. Cuando arribó a Radio Progreso con treinta minutos de antelación a la hora señalada, al primero que encontró en el salón de los ensayos, fue exactamente a Pedro Knight, la segunda trompeta, quien años más tarde sería su esposo. Las páginas iniciales que tenía Celia para interpretar con el conjunto eran En el tiempo de la colonia y No

Queremos chaperonas. Al arreglista del conjunto Severino Ramos, le dio mediana dificultad adaptarlos, porque estaban hechos para un formato orquestalPero su futuro musical estaba jugado y ligado al destino de la Sonora Matancera y el primer día del mes de agosto de 1950, que era martes, comenzó su rutilante carrera musical al lado del Decano de los Conjuntos de América.

No fue una pera en dulce el comienzo, porque la audiencia cubana le profesaba a Myrta Silva una idolatría. Muchas cartas llegaban a las manos de don Rogelio con el mensaje crítico de la nueva cantante. Otras esquelas insultantes recibía la misma Celia. Por necesidad y con estoicismo soportó esta avalancha, que muchas lágrimas le causó. También vivió momentos de infortunio, porque el primo Serafín, su promotor musical doméstico, no alcanzó a saborear la victoria, pues murió por estos días. Prosiguió las actuaciones en vivo de siete a ocho de la noche en Radio Progreso con la Sonora Matancera. Poco a poco se fue labrando cautelosamente su clientela. Aunque su figura morocha y delgada no era cautivante, su voz era una amalgama de tonalidades acicalada por los dioses del Caribe.

Cuando se disponían a realizar las primeras dos grabaciones, surgió otro problemita. Míster Sidney Seegel, el todopoderoso magnate de los discos Seeco, creyó que la voz de Celia no era comercial. Siempre mirando el signo pesos. Salió don Rogelio al quite y dijo que si él no la patrocinaba en el primer acetato, la Sonora lo haría. Cao cao maní picao, guaracha de Estanislao Serviá y al reverso Mata siguaraya, afro del pianista del grupo Lino Frías, fueron las dos iniciales grabaciones de Celia con la Matancera, hechas en los estudios de la C.M.Q. el día 15 de diciembre de 1950. Luego de ellas vendría cualquier cantidad de temas, por ejemplo Tatalibabá, Ritmo tambó y flores, La guagua, que se grabaron en 1951.

En este mismo año, la Sonora realiza tres viajes a Haití, en donde gozaba de una fanaticada cautiva a toda prueba. Allí, Celia conoce a la cantante nativa, Martha Jean Claude, cultivadora del folclor de su país. Germina entre ambas una amistad sincera que pervivió durante dilatado tiempo. Celia la invita a su isla con gastos pagados, para que pruebe suerte en los entarimados cubanos. Al siguiente año, Martha Jean, cristalizó su invitación y desde entonces  su fulgurante carrera musical transcurrió en La Perla de Las Antillas, en donde además se casó con un cubano, entroncando una familia que hoy es un orgullo en la isla.

Por este tiempo Celia estaba ennoviada con el bajista Alfredo León, hijo de Bienvenido León, integrante del aplaudido Septeto Nacional. Celia Cruz con la Sonora se convierte en imán de taquilla en donde quiera se presenten. Por la popularidad que le deparó el tema Burundanga, Celia es traída a Colombia, para presentaciones en emisoras, con acompañamiento de orquestas de ocasión. Esto sucedió en la última quincena de octubre de 1954. Sus ganancias en efectivo, las invirtió en una modesta vivienda, su primera casa propia, para que su familia mejorará de situación y se trasladara a la barriada de Lawton.

Por su popularidad, Celia, era requerida para la grabación de numerosos comerciales de jabones, cigarrillos, quesos, cafés, refrescos, cervezas, etc. Ello le deparó otro apelativo, La Reina de los Jingles.

Con la Sonora llega por primera vez a Colombia en febrero de 1955. Actúan en las principales ciudades: Barranquilla, Cartagena, Medellín, Cali y Bogotá. De nuevo Celia Cruz en Medellín tiene contacto con el maestro Lucho Bermúdez y su esposa y cantante Matilde Díaz, conocidos tres años atrás en La Habana. Luego les apadrinaría a su primogénita Gloria María.

En este mismo año, con la Sonora y Nelson Pinedo, Celia actúa en la película, Una Gallega en La Habana, con Garrido y Piñero y Niní Marshall. Celia de gala vestida, exhibe su cuerpo de palmera cimbreante. La primera película a color realizada en Cuba, se llamó Yambao. Fue filmada en 1956; era una coproducción cubano-mexicana. La estrella era Ninón Sevilla y ahí trabajó también nuestra Celia Cruz. Con la Matancera y Celio González trabajan en el filme Olé Cuba, en donde Celia se faja esa tremenda guaracha Me voy a Pinar del Río.

 

En mayo de 1957 se hace acreedora del Disco de Oro en el teatro Puerto Rico de la ciudad de New York, por el éxito obtenido con la grabación de Burundanga. En diciembre, los locutores, cronistas y el pueblo la votan como la mejor cantante típica del año. Trabaja además como protagonista de una teatronovela costumbrista llamada Baby Ney, con el galán de moda Ernesto Galindo. La realizaron en Radio Progreso. Los frutos de su labor artística se compendiaron en la compra de un edificio de seis plantas en un central barrio  habanero. La estrechez económica, pertenecía al pasado.

En 1958 sin la Sonora va a Puerto Rico y es acompañada por la Orquesta de César Concepción, que alterna con Cortijo y su Combo, cuando Ismael Rivera estaba en su plenitud, en impactantes actuaciones en el cabaret Flamboyán. De allí, nuestra artista vuela a Los Ángeles, requerida por la delirante y numerosa colonia latina, que la aplaudió en el Teatro Million Dollar y en el Hollywood Palladium, acompañada de una gran orquesta preparada para tal ocasión.

Cuando la Matancera va a los carnavales de Caracas en 1958, lleva como cantantes a Nelson Pinedo, Carlos Argentino y a Celia Cruz. En cierto momento de arrebato y decisión, El Ruso, Carlos Argentino, le propone matrimonio a Celia Cruz. La propuesta fue tan vaporosa y descabellada, que allí mismo quedó flotando en el ambiente. Años después el argentino,  lamentaría el no haber insistido en su flirteo.

El martes 10 de mayo de 1960 Celia graba por última vez con la Sonora en su patria cubana. Aparecen temas como: Mi cocodrilo verde, Bachame, El heladero, Suena el cuero, Pregones de San Cristóbal. Llegó la fecha de la terrible partida de su amada Cuba, el viernes 15 de julio de 1960. Estaba primero el futuro económico que a Dios gracias le deparaba la música, que un

incierto bienestar que prometía la revolución instaurada. Celia se sumó de este modo al nutrido grupo de artistas cubanos en el exilio. A los tres meses, en octubre, el nuevo gobierno de Cuba le canceló su pasaporte por no haber regresado a la isla en el tiempo reglamentario. Ella recordó las palabras proféticas de don Rogelio, el director del grupo, cuando volaban en el avión para México: Este viaje no tiene tiquete de regreso. Aunque poco importaban los cinco dólares que cada uno de los músicos tenía en sus bolsillos. Era la máxima cantidad de efectivo que en aquel tiempo, el gobierno le permitía sacar a sus ciudadanos. Un tanto después, su edificio habanero sería expropiado por órdenes del nuevo estamento gubernamental.

En ciudad de México es invitada por la deslumbrante estrella María Félix, para que con la Sonora Matancera amenice en su mansión, una selecta fiesta en honor del presidente del país azteca, Gustavo Díaz Ordaz.

El Teatro Puerto Rico de la ciudad de New York presentaba un lleno a reventar aquel viernes 6 de abril de 1962. La cartelera era muy llamativa y de gran calidad: Armando Manzanero, Lucho Gatica, Lucecita Benítez y Celia Cruz. Cuando Celia iba a salir del apartamento en donde se hospedaba para dirigirse al show, alguien le da la fatal noticia de la muerte de su madre. El llanto inundó sus ojos y la oscuridad cubrió su alma. Dramático momento. Pasados varios minutos mostró gran entereza de carácter, comprendiendo aquel antiguo adagio, que el circo debe continuar. Se las arregló para que el público no se enterara de la noticia y cuando le tocó su turno, salió en medio de los aplausos a interpretar Me Voy a Pinar del Río, (‘de mi madre la tierra natal’), como un homenaje póstumo a su fallecida madre.

La pena por la muerte de su progenitora se convirtió en tragedia, cuando quiso regresar a su país, para asistir al funeral y el gobierno no le facilitó la visa. Acertadamente dijo que no la precisaba, porque Cuba era su país natal. De todos modos le fue imposible cristalizar su deseo. Toda su vida este recuerdo la taladró lastimeramente. Ante la ausencia de su madre, Celia piensa de modo reposado pero real en su futuro sentimental. Ya lleva varios años de novia de Pedro Knight. ¿Por qué no casarse ahora? Pedro desde hace rato era su segunda sombra. Es jovial, caballeroso, sincero y la ama. Por el rito civil unen sus destinos el sábado 14 de julio de 1962, en Connecticut. Como testigos y padrinos de la boda estuvieron Rolando Laserie y su esposa Tita. No pudieron casarse por el rito católico, como era el anhelo de Celia, por el hecho simple que Pedro, ya lo había hecho en Cuba y de cuya unión había procreado seis hijos.

También llega a su final la relación musical con la Sonora Matancera en 1965. Fueron 15 años de fructífero y mancomunado trabajo, durante los cuales  grabaron 188 temas. La Diosa del Caribe, se vuelve solista, echando mano de su experimentada voz y un prestigio bien ganado.

Antes de cambiar de sello discográfico, con la Orquesta de René Hernández graba para Seeco, el L.P titulado Canciones que yo quería haber grabado primero. Con el sello Tico firma un buen contrato en 1966. Para este registro trabaja también el boricua Tito Puente, y se produce así esta nueva llave. Llevan al acetato siete L.P: Cuba y Puerto Rico son..., Alma con alma, Quimbo quimbumbia, Son con guaguancó, Etc.,etc., etc., En España, Algo especial para recordar.

Para el mismo sello Tico, pero ya en México, graba con las Orquestas de Memo Salamanca y del pianista cubano Juan Bruno Tarraza. Su legendario grito de Azúcar, lo patenta aquí en 1971 en el tema Te solté la rienda, original del compositor mexicano José Alfredo Jiménez. Además sería el único que en su vida grabaría de este genial cantautor manito. Diría después en una entrevista y con respecto a su grito de batalla: Yo creo que de tanto gritar ¡azúcar!, fue que a Pedro le apareció la diabetes.

En 1973, en una nueva faceta de su arte, canta en el Carnegie Hall de New York en la opera latina Hommy, e  interpreta Gracia divina. Se suceden luego grabaciones para el sello todopoderoso Fania All Stars. En 1974, con la aparición del L.D. Celia y Johnny, la morocha ingresa de una vez por todas al mundo de la salsa por convicciones musicales, económicas y hasta políticas. Comienza además una Matancerización de la salsa.

 

Con Johnny Pacheco graba:

1. Celia y Johnny (Vaya 1974).
2. Tremendo caché (Vaya 1975)
3. Celia y Johnny eternos (Vaya 1978)
4. Celia, Johnny y Pete.
5. Celia, Johnny, Justo y Papo (Vaya).
6. Celia y Johnny de nuevo (Vaya 1985).

Otros L.D.grabados por Celia:

Cruz y Colón. Solamente ellos pudieron hacer este álbum. (Vaya 1977).
A todos mis amigos (Tico 1978).
La excitante Celia Cruz (Tico).
Celia Cruz y la Sonora Ponceña. La ceiba. (Vaya 1979).
Celia y Willie (Vaya 1981).
Celia Cruz, Ray, Adalberto. Tremendo trío. (Fania 1983).
Celia Cruz y Ray Barreto. Ritmo en el corazón. (Fania).
La candela (Fania 1986).
Celia Cruz y Willie Colón. The winners (Vaya 1988).
Celia Cruz. Tributo a Ismael Rivera (Vaya).
Celia Cruz. Azúcar negra. (RMM 1992).

Con su calidad artística se gana un nuevo apelativo: La Dama de la Salsa. Celia Cruz es la artista mejor pagada de la salsa, por su carisma y categoría profesional.

En un espectacular homenaje que se le tributa al gran Miguelito Valdés, el viernes 26 de mayo de 1978, en el lujoso Roseland Ballroom, participa al lado de: Daniel Santos, Bobby Capó, Vicentico Valdés, Charlie y Eddie Palmieri, Xiomara Alfaro, Myrta Silva. Las agrupaciones acompañantes eran: La Sonora Matancera, Charanga 76, Machito, Típica Novel. En 1980 realiza giras extenuantes por Europa: Francia, Alemania, Suecia, Holanda. Es la Reina Universal de la Salsa. Obviamente su carrera profesional marca una curva ascendente y sus ahorros en metálico llevan una curva paralela.

Para el sello Bárbaro de New York, se produce el Feliz encuentro musical de Celia con la Matancera en 1982. Este L.D. se vende bien en todos los países de América. Otros temas de este volumen que pegaron, son Herencia africana y El becerrito.

El coliseo cubierto de la ciudad de Medellín, el martes 18 de mayo de 1982, en una noche lóbrega, se atiborra para aplaudir a rabiar a Celia Cruz con la Sonora Matancera, donde el tema que marcará su popularidad en el futuro, cuando se presente ante todos los públicos de Hispanoamérica, Bemba colorá, es el que causa paroxismo.

El jueves 17 de septiembre de 1987 es acogido su nombre para ser inscrito en el Sunset Boulevard  o sea el Hall de la Fama de Hollywood. Su estrella es la número 12 entre los artistas latinos, que han merecido ese codiciado homenaje. Según su comentario, esto constituyó para siempre su máximo premio.

De nuevo regresa a Colombia con Daniel Santos y la Sonora Matancera en septiembre de 1988; actúa en Bogotá, Medellín, Armenia, Cali y Buenaventura. En este año se estrena en nuestro país, la cinta Salsa, en donde comparte su musicalidad con Willie Colón.

A La Guarachera de Cuba, el apelativo que mayormente le satisfacía, le corresponde cerrar artísticamente la magna celebración de los 65 años de la Sonora Matancera en el Central Park y en el Carnegie Hall de la ciudad de New York, en junio de 1989. Allí, comparte durante cuatro días, con sus antiguos colegas instrumentistas matanceros y con trece de los cantantes que triunfaron con el conjunto en las añejas epopeyas musicales. Terminando el año, se presenta en la archifamosa plaza de toros Las Ventas, en Madrid, España. No hay espectáculo taurino, pero ese torbellino moreno con su inmarcesible voz, la llena hasta las banderas.

Sus grandes dotes vocales, continúan siendo reconocidas y premiadas. Se le concede una nueva estrella; esta vez en el boulevard de la calle octava de Miami, en 1990. Luego de ser nominada por cinco años consecutivos al premio Grammy, lo obtiene en éste, en la categoría de mejor artista en la música latina, por el trabajo realizado con Ray Barreto,  Ritmo en el corazón. Al año siguiente se estrena la cinta Los Reyes del Mambo, en donde maravilla a la clientela cantando en inglés. Trabajó al lado de Armand Assante y el español Antonio Banderas.

En los dos años que siguen, participa en varios espectáculos con las estrellas de la salsa. 1992 fue un año de galardones. Recibió el premio de Mujeres Exitosas en el Estado de New York  e inauguró su estatua en el Museo de Cera de Hollywood. En esta misma ciudad le otorgaron además el premio DESI, como la actriz favorita del cine.

El 12 de febrero de 1993, vuela a Bogotá, para acompañar a su entrañable amiga, comadre y cantante, la colombiana Matilde Díaz, en el cincuentenario de su vida artística. Se conocieron en La Habana en 1951, cuando el clarinetista, compositor y director Lucho Bermúdez estuvo en la isla, teniendo como cantante a su esposa, la añorada tolimense. Recordemos que la Matancera le grabó a Lucho Bermúdez dos temas de su inspiración: Nochebuena con la voz de Celia Cruz y Linda caleñita, con las voces del Matrimonio Feliz, Olga y Tony.

El presidente de los Estados Unidos,  Bill Clinton, le confiere la Medalla de Alto Honor en las Artes, con ceremonia abordo en la mismísima Casa Blanca, cuando transcurría el año de 1994. Todo estuvo a la orden del día, excepto su grito de ¡azúcar!, no emitido, por el respeto que le merecía la figura risueña del presidente de los norteamericanos.

La base norteamericana de Guantánamo, afincada en el territorio cubano, ¡qué incongruencia!, fue testigo de la visita de la Guarachera del Mundo, en 1995. Había sido invitada para que les cantara a los balseros cubanos que estaban refugiados allí. Una forma inédita de regresar a pisar tierra de su país natal: Eran tantas las emociones que llegué a pensar que no podría cantarles a mis compatriotas, parecía que mi voz no me iba a salir. Declararía después entre consternada y dichosa. En un momento de represada nostalgia antes del regreso, Celia con su mano extendida a través de la cerca, arranca de la tierra una porción y la guarda en una bolsa recolectada, como un codiciado trofeo.

Durante el primer semestre de 1997, actúa en la telenovela mexicana El alma no tiene color, con la diva Verónica Castro. El 11 de abril se regodea cantando los clásicos populares cubanos, en el Jackie Gleason Theater de Miami Beach acompañada nada menos que de la Orquesta Filarmónica de la Florida, conformada por cien profesores y dirigida por Duilio Dobrin. En septiembre realiza una extensa gira por la madre patria, lugar en donde goza de gran renombre desde la década del setenta.

Celia es:

La Dama de la Alegría.
Celia la Grande.
La Guarachera de Cuba.
La Tierna, Conmovedora y Bamboleadora Celia.
La Reina del Ritmo Cubano.
La Diosa Rumba
La Reina del Guaguancó.
La Dama de la Salsa.
La Reina de la Salsa.
La Guarachera de las Antillas.
La Guarachera del Caribe.
La Reina Rumba.
La Reina de Todos los Ritmos.
La Inmortal Celia.
La Beldad de Ébano.
La Reina de Mestizoamérica.
La Reina de la Música Latina”.

Como el matrimonio pasaba mucho tiempo en giras, sus familiares cuidaban su apartamento de Fort Lee, New Jersey. Nunca tuvieron hijos, lo que se constituyó en su mayor frustración. En realidad, con tanto ajetreo artístico, no hubiesen tenido tiempo para criarlos. Nunca pasaron las fiestas de navidad y año nuevo en su casa, porque siempre estaban trabajando en esas claves fechas. Sus tres maletas de ropa, siempre se encontraban prestas para partir a cualquier sitio del mundo. En cada enero siempre se iban de vacaciones, preferiblemente a las Islas Canarias, Hawai, París, Venecia o Roma. Se llevaron estupendamente bien. Nunca discutieron. Dialogaron. Fueron esposos, amigos y socios. El mutuo respeto y el diálogo fueron la clave de su estrecha y dilatada unión.

Su tema preferido para interpretar a su público fue El Yerbero moderno, debido a que se lo solicitaban en todas partes. Grabó 78 L.D. Tuvo tres doctorados Honoris Causa en Música. Uno de la Universidad de Yale, otorgado en mayo de 1989 y otro de la Universidad Internacional de la Florida, adjudicado el día jueves 23 de abril de 1992, en ceremonia en la cual también se condecoró al Presidente de los Estados Unidos, George Bush. El tercero fue de la Universidad de Miami.

En Los Ángeles y en el famoso Museo de Cera, se encuentra su figura tallada en este material, para que la posteridad la continúe idolatrando. En 1994 establece una consejería síquica vía telefónica en Miami, cobrando a 3.99 dólares el minuto. Su prestigio arrollador puede con todo. Las autoridades de la ciudad de San Francisco, California, la honraron nombrando el día 25 de octubre como el Día de Celia Cruz.

Según el World Music History de Estados Unidos, la voz de Celia Cruz, pertenece a esa pléyade de voces femeninas, calificadas como Divas. Su voz aparece en el último álbum Gloval Divas de la casa disquera Rounder CD de Cambridge, Massachusetts, lanzado al mercado en el comienzo de 1996. Con ella están en dicho trabajo, figuras de la categoría de Marlene Dietrich, Gal Costa,  María Bethania, Edith Piaf, Aretha Franklin, Mercedes Sosa y la colombiana María Olga Piñeros.

En marzo de 1996, Ralph Mercado, el hombre fuerte en el mundo discográfico de la salsa, incluye a Celia Cruz, en el ingente y novedoso trabajo denominado Tributo musical a los Beatles. En el CD, Celia canta el tema Obladi oblada. Otros participantes fueron: Cheo Feliciano (Yesterday), Tito Nieves (Let it be), Oscar D’León (Lady Madonna), Johnny Rivera (A Hard Day’s Night), etc.

Con otras estrellas de La Fania, visita a Colombia en dos ocasiones durante 1996. Presentaciones en Bogotá, Barranquilla, Cali y Medellín. Su eterno Bemba Colorá, a pesar que un sector del público goza con este tema, torna tediosa su presentación. En este momento persiste en su deseo de grabar boleros y al respecto comentó: “Me encantaría hacer un homenaje a Panchito Riset. Pero parece que hasta que yo sea dueña de mi compañía no voy a hacer lo que yo quiera. Hace diez años que digo que me gustaría hacer un disco de boleros”.

El jueves 4 de marzo de 1998, en víspera de una presentación gigantesca con las Estrellas de la Fania en Bogotá, recibe de manos de Andrés Pastrana, Presidente de los colombianos, la Medalla al Mérito Cultural, cuando le dice -“Usted con la música ha hecho lo que García Márquez con la literatura” y Celia, desde luego, entona con efervescencia su disco de moda La vida es un carnaval.

El miércoles 13 de septiembre de 2000, recibe su quinto premio Grammy Americanos en la categoría de salsa, esta vez por el trabajo hecho con La India, Johnny Pacheco y el finado Tito Puente. El miércoles 18 de septiembre, en Los Ángeles, de nuevo en la ceremonia de los recién establecidos Grammy Latinos, se llevó otra vez la estatuilla del Mejor Álbum de Música Salsa con su trabajo La negra tiene tumbao. Se le tributó grandioso homenaje por sus 50 años de vida artística. Allí también ganaron entre otros, el español Alejandro Sanz, el colombiano Juanes y el cubano Bebo Valdés.

En mayo de 2001, Celia participó en la inauguración de la Torre de la Libertad, estructura erigida por los cubanos en Miami, como símbolo de la libertad en el exilio. Interpretó con todo el sentimiento que le fue posible, la balada, Por si acaso no regreso, autoría de Emilio Estefan y Angie Chirino (nieta de Olga Chorens, cantante también de la Matancera y gran amiga de Celia).

Para celebrar el aniversario número 40 de su matrimonio, Pedro y Celia van de turismo por París, Roma y la romántica Venecia. Gozaron como dos chiquillos. Pero a su regreso a Estados Unidos y luego de una evaluación ginecológica, los galenos le diagnosticaron un cáncer de mama, la misma enfermedad, que había acabado con la vida de su madre. Ambos esposos, luego de tal noticia, se confundieron en un estremecedor abrazo. Y empezó el viacrucis, porque decidió conmocionada, que lucharía sin quebranto por su vida. En agosto se le hizo una biopsia del tumor y al mes siguiente, cuando se confirmó el diagnóstico por el estudio de patología, fue sometida a una cirugía

radical. Todo se manejó discretamente sin que trascendiera al público. En octubre y como homenaje en su cumpleaños número 77, el Consejo de la Hispanidad de Miami, la honra otorgándole el Premio Don Quijote, por ser “la mejor embajadora de la cultura hispana en el mundo”

Después de dos meses de recuperación, en noviembre, tozudamente viaja a México, en donde sus artistas amigos, le rinden tributo por sus bodas de oro profesionales. Allí mismo, comenzó a presentar otra sintomatología, consistente en mareos, dificultad para el habla y desvanecimientos. En México, luego de rigurosos exámenes, le descubren una metástasis cerebral de su cáncer del seno. Son cancelados todas sus compromisos futuros. El 6 de diciembre, en el Hospital Presbiteriano de Manhattan, New York, es sometida a una craneotomía de seis horas de duración, que intentaba extirparle la lesión cerebral. A las dos semanas, se marchó con su esposo buscando fortalecerse con la madre naturaleza en las islas de Hawai.

Cuando regresaron, se animó demasiado para dar los últimos retoques a una fundación para recolectar fondos y que llevaría su nombre, con los objetivos de educar musicalmente y luchar por la infancia que padece cáncer, en la comunidad hispana. El 14 de febrero de 2003 se cristalizó su idea. Regalo del alma, es su postrer trabajo, que con las dificultades propias de su padecimiento, logró grabar en los meses de febrero y marzo. Mientras se recuperaba, obtuvo el domingo 16 de febrero un nuevo Grammy, en el sector de mejor álbum de salsa. La ceremonia se efectuó en el Madison Square Garden de New York. Luego de un homenaje ofrecido por la cadena Telemundo, el 13 de marzo, que contó con la actuación de muchos de sus amigos, ya su enfermedad la recluyó en su apartamento de Fort Lee, New Jersey. No le contaron, desde luego, que su hermano Bárbaro murió en Cuba empezando el mes de junio. Ella lo alcanzaría pronto.

Cuando llegó el 14 de julio de 2003, día de su aniversario número 41 de su matrimonio, Celia estaba entrando al estado crítico de su salud. Su fatal desenlace ocurrió el miércoles 16 de julio a las 4:55 de la tarde. Y empezó su mito.

“Aquí yace una que no quería morirse”.

“Algún día desapareceré como todo el mundo,
pero espero que no me olviden”.

Celia Cruz.

 



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